Última actualización: 05/01/2010

 

   
 

 

Plaza de Mayo

En oportunidad de realizarse la remodelación de los pisos de la Plaza 1º de Mayo y de la actual calle peatonal San Martín -trabajos efectuados en 1987- se produjo el descubrimiento de un aljibe en el sector interior que da a la fachada oriental de dicha plaza. Según se me informó, la cisterna del aljibe presentaba en sus paredes ciertos indicios de la existencia de dos aberturas que conducirían a sendos túneles o conductos subterráneos. Al parecer, estos túneles se extenderían hacia el Norte y el Este. Más precisamente, teniendo en cuenta la orientación de dichas señales, habrían tenido conexión con el subsuelo de la Escuela Normal y la Iglesia Catedral. Unos años después, tuve la oportunidad de bajar al interior de la cisterna, en ocasión de realizarse trabajos de limpieza de la misma. Grande fue mi sorpresa al advertir que su profundidad (unos siete metros) excedía a la media común de otras cisternas que había conocido. Ninguna superaba los cuatro y medio o cinco metros de profundidad. Esto me llevó a considerar la posibilidad de que el antiguo aljibe haya sido reformado en una época posterior a la de su construcción, en un intento por transformarlo en un pozo de agua subterránea, sin ánimo de utilizarlo para la provisión de agua potable, ya que las napas de menor profundidad son de agua salobre. Atendiendo a lo escaso del fondo del pozo, es evidente que el trabajo debió abandonarse y quedar incompleto porque a esa profundidad es imposible hallar agua subterránea en el sector de la lomada en que está emplazado ese espacio público.
Otro de los túneles habría unido un sector de la Plaza 1º de Mayo con el río Paraná; extendiéndose de Este a Oeste. Fue utilizado a principios de este siglo, como conducto de salida de las aguas servidas y fluidos cloacales, para volcarlos al río Paraná. Hasta muy entrado el siglo pasado el sector oriental de la Plaza 1º de Mayo careció de cloacas. Esta parte del vecindario, a falta del sistema, contaba con profundos pozos “ciegos” (cegados) ubicados a los fondos de cada domicilio, calzados con ladrillos, hacia los cuales se enviaban los fluidos sépticos. Periódicamente, mediante camiones cisternas y un sistema especial de bombeo, había que vaciarlos. En su recorrido el conducto de referencia pasa por debajo del Club Social y se desplaza paralelo a calle España, siguiendo por Ameghino. Luego de atravesar la laguna, ubicada en medio del sector de los anegadizos, sale al río Paraná. En el plano de Paraná de 1880 (ver) puede observarse su recorrido atravesando el tramo de bañados. Ha sido señalado con una doble línea cortada por líneas más pequeñas.

Coceramic

En la actualidad pueden ser observados dos tipos de túneles, al parecer los más comunes. La boca de entrada de uno de ellos atraviesa el subsuelo de la fábrica de cerámicas del Puerto Viejo. Se trata de un conducto de dos metros y medio de altura por otro tanto de ancho que se extiende hacia el interior de la barranca a través de otro túnel (ver) de poco más de ochenta centímetros de ancho y un metro setenta de altura. Este conducto habría tenido entrada en un aljibe existente en el lugar donde hoy se levanta el mástil de la Escuela Nº 8 “Juan Martín de Pueyrredón”, con salida en las barrancas del arroyo Antoñico. Hace poco tiempo, personal de arquitectura de la provincia se hallaba tratando de instalar una pica o lanza en el piso de una de las habitaciones del establecimiento a fin de colocar a “tierra” el sistema eléctrico de las computadoras, cuando se encontró con que el terreno cedía y se producía un hueco. Notó, con sorpresa, la presencia de una corriente de aire desde el interior hacia el exterior. La aparición de este tiraje de aire, obviamente, descartó que se estuviese en presencia de un sótano. Tal circunstancia y la existencia del aljibe en esa dirección hacen presumir que se habría perforado la bóveda del túnel citado. Aún cuando el barranco ya no exista, se conoce que la quebrada del arroyo Antoñico lo poseía en su lado oriental. Estas paredes naturales fueron desmoronadas cuando se trazó la calle existente detrás de la fábrica de cerámicas y se levantaron las casas pertenecientes a las más viejas familias arraigadas en este lugar. Al pie y sobre las barrancas, se sustentaba el puente por el cual se atravesaba la hondonada, uniendo el sector de la  ciudad con el lado oeste del puerto viejo. Al derribarse la barranca oriental también se destruyeron las dos salidas del túnel situadas a ambos lados de la base del puente (ver). Para evitar el desgranamiento de la bóveda, que se interna en la barranca por debajo de la fábrica de cerámicas, se hizo necesario adosar, a la parte cortada, un segmento de bóveda de unos cinco metros de extensión. Este detalle (ver) es fácil de notar en el punto donde se unen las dos partes, lo cual puede ser constatado observando la diferencia entre este túnel y la parte interior, mucho más antigua, de otros cinco metros de largo. La pared del túnel original (ver) posee una base compuesta por hiladas construidas en piedra caliza. A continuación van los ladrillos que conforman la bóveda. Desde este túnel se ingresa a otro, más pequeño, que llega hasta la citada escuela. Según ha dicho Monseñor Julio César Metz, sacerdote de la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, los jóvenes y niños de Puerto Viejo ingresaban a este pasadizo subterráneo y se desplazaban por el interior hasta alcanzar el predio de la escuela. Desde allí pasaban al sector de las escalinatas de la iglesia. Otros se dirigían por una derivación del túnel que los llevaba a la “cascada”, una salida de agua lindera al antiguo paseo llamado la “Rotonda”. El motivo de tal aventura era disfrutar de las carreras de automóviles que, por esos tiempos, se llevaban a cabo en el Parque Urquiza. Los singulares espectadores lo hacían cómodamente sentados en las gradas de la iglesia y sin costo alguno.

Puerto Viejo

En la zona del Puerto Viejo existen túneles que proceden de lo alto de la barranca del Parque Urquiza y habrían desembocado en el zanjón de la quebrada que conforma el arroyo Antoñico. En mis tareas de investigación hallé un pequeño túnel (ver) en el sótano de una antigua casa (hoy demolida) que perteneció a los señores Patriarca y Corsiglia (ver). El edificio, consistente en casa de familia, almacén y canchas de pelota vasca y de bochas, estaba situado en la pendiente de la barranca a cuyo costado se desplaza la calle “Bajada de los Vascos”. Dentro de esta pequeña porción de túnel se encontró una pistola marca Lafouché de 1840 y debajo del piso del sótano, una moneda de 1853. Ambos elementos quedaron bajo custodia de la Municipalidad de Paraná.

Toma Vieja - Cristo Redentor

Presumo que otro de los túneles, tal vez el más largo de todos, sería el que se extiende entre la llamada “Toma Vieja(ver) y la zona de los cuarteles. Una primera parte de este túnel llega hasta un punto ubicado en el subsuelo del Instituto “Cristo Redentor” y de las instalaciones adyacentes a éste, pertenecientes a Obras Sanitarias de la Municipalidad. El inmenso sótano (ver) que se ocupa como “sentina” de la Toma Vieja (lugar donde se deposita el agua del río para una primera decantación) y sus túneles habrían sido elegidos por los técnicos de la empresa Anderson, en 1877, para colocar las cañerías que traen el agua depurada desde los piletones linderos a la “sentina” hasta la ciudad. En las instalaciones adyacentes al instituto religioso se ubicó la planta potabilizadora. Por un túnel se trasladó la cañería hasta el subsuelo de una torre piramidal, de antigua construcción, que se encuentra lindante a la torre del tanque elevado de las aguas corrientes. Allí estaban ubicadas las bombas de succión. La historia de Paraná identifica a dicha torre con el nombre de “Observatorio de Sixto Perini” (ver). El doctor Perini, vecino de esta ciudad, ocupó las instalaciones del actual Instituto “Cristo Redentor” (antes de la llegada de las Hnas. Franciscanas de Gante), donde montó un observatorio astronómico. La posibilidad de traer la cañería bajo tierra, sin gran costo, habría sido el motivo de haber llevado el sitio de extracción del agua a un punto del río, tan alejado de la ciudad, como lo es el lugar donde está situada la “Toma Vieja”. Por esos años, la ciudad de Paraná tenía unas diez cuadras con frente al río y su límite sur era la Plaza Sáenz Peña, es decir, no más de doce cuadras de fondo, como lo demuestra el plano de la Ciudad de Paraná de 1880 (ver). El agua podría haberse extraído del río Paraná en la zona del “Morro” o del Puerto Nuevo, que se encuentran mucho más cercana a la ciudad que la Toma Vieja. El antiguo fuerte (el observatorio de Perini) debió ser elegido por estar a un nivel superior al de la altura de la ciudad de Paraná (90 metros de cota), para instalar allí el tanque elevado y los elementos de potabilización, motivo más que suficiente para suponer que las instalaciones de origen (una fortificación) estuvieron vinculadas a un reducto. Hace poco más de un año se hicieron remodelaciones y ampliaciones (ver) en el Instituto “Cristo Redentor”. Al ejecutar las excavaciones se halló un aljibe. En su cisterna había, por lo menos, una entrada a los túneles. En esa oportunidad fui requerido por la Hna. Superiora y algunas profesoras de ese establecimiento para que observara el hallazgo. En un principio me llamó la atención que su profundidad no pasara de los dos metros. Advirtiendo que se trataba realmente de un aljibe de los ya conocidos solicité del ingeniero encargado de las obras que lo profundizara unos metros más en la seguridad de hallar el dintel de un túnel. Si bien  me afirmó que había hallado un piso de baldosas a la hondura ya despejada de la cisterna, es probable que a últimas horas del día laboral haya querido cerciorarse respecto a mi conjetura. Luego de introducir una varilla metálica comprobó la existencia de un suelo firme a poco más de dos metros y medio de profundidad, constatando que no me había equivocado en mi apreciación. Cuando comenzó a cavar, empezó a brotar agua de un lado de las paredes de la cisterna (ver), lo cual le indujo a detener el trabajo. Hice todo lo posible para que los responsables de las obras ordenaran se despeje de tierra (ver) la entrada al supuesto túnel, a fin de recorrerlo (por lo menos en una parte), con la finalidad de tomar vistas fotográficas y de vídeo para así contar con valiosos elementos de estudio. Sin embargo, no tuve éxito en este cometido porque el propietario de la firma constructora dispuso tapar de inmediato la parte despejada y colocar piedras para así absorber el agua y poder continuar con el hormigoneado de los cimientos de la nueva construcción. Con gran pesar de todos -particularmente mío- me enteré de la medida adoptada cuando ya era tarde. El túnel (ver), según datos obtenidos verbalmente, se extiende hacia el sudoeste hasta las inmediaciones de los cuarteles. Este conducto subterráneo se utilizó para colocar la cañería destinada a la provisión de agua potable a las unidades militares allí existentes.

Banco Municipal

Entre los túneles más chicos (1,70 x 0,80 metros) debo mencionar uno hallado cuando se estaban realizando trabajos de reparación en el sistema de cloacas, en el subsuelo del comercio “Grandes Tiendas Americanas”, ubicado en calle 25 de Mayo casi Monte Caseros. El último gerente que tuvo esa firma comercial me confió que el túnel se extendía hacia la manzana opuesta, donde se levanta la Iglesia Catedral. Hasta hace poco tiempo el edificio citado perteneció al ex Banco Municipal de Paraná. Hoy está ocupado por la Dirección de Rentas Municipales. Este túnel, al parecer, se desprende de un conducto de mayores dimensiones que atraviesa, de este a oeste, por debajo del edificio del Correo. El descubrimiento de este último se produjo mientras se realizaban ampliaciones en el subsuelo de la entidad postal. La casa perteneció, hasta 1854, a la familia de don Francisco Antonio de la Torre y Vera Mujica y doña Isabel Iturri, su esposa.

Campo de Golf

A un costado del camino que conducía al Saladero de Carbó y Carril (el Brete) se halla la denominada “Quinta del Obispo”. Este sitio se encuentra ocupado, desde hace muchos años, por las instalaciones del Campo de Golf del Club Estudiantes de Paraná. Sobre el sector que da al río, y casi al borde de una extensa zanja, se encuentran las ruinas de ladrillos (ver) de un antiguo edificio, y debajo de ellas un amplísimo sótano (ver). Posee aún las aberturas que comunicaban con el interior a través de sendos túneles, uno de ellos dirigido hacia una vieja casa (actualmente modificada) ocupada por las instalaciones del club y el otro hacia otro edificio que se levanta, calle lateral de por medio, en una lomada. Esta última vivienda se conoce como “la casa embrujada(ver) debido a los muy diversos ruidos, oídos por las noches por sus ocasionales e intrusos huéspedes. La sospecha de estar en presencia de un túnel la da el hecho de que los ruidos son perfectamente detectables e identificables. En el silencio nocturno suelen ser escuchadas voces humanas, de mujeres, de niños y de hombres, y sus gritos, llantos y risas. Creo que, como en otros casos similares, el sonido se traslada por el túnel, el cual actúa como caja de resonancia. Este efecto permite la  transmisión de los sonidos a lugares distantes. Si bien los sonidos perturban a quienes los escuchan -por desconocer su procedencia- no son otra cosa que la exteriorización ruidosa de las personas que se encuentra acampando o pernoctando en lugares cercanos a las barrancas, que es donde los túneles tienen la boca de salida. El sótano situado debajo de las ruinas fue parte de una gran fábrica de elaboración de cerveza. Según don César Blas Pérez Colman, basado en información de Víctor Martín de Moussy, la industria tuvo inicios en 1858. Su afirmación convierte a esta cervecería en una de las primeras que se fundaron en el país. En excavaciones realizadas en el lugar se obtuvieron gran cantidad de porrones de terracota (ver) en los que se envasaba la bebida. Un sello, grabado en la botella, los identifica como procedentes de Glasgow (Escocia). Curiosamente, los mismos porrones -con igual identificación y otras más- grabados con el nombre de “Cervecería Italiana”, se encuentran expuestos en el Museo de la fábrica de cerveza de la localidad santafesina de San Carlos. La cronista paranaense Ofelia Sors dice que el establecimiento pertenecía a don Conrado Filsilger, quien lo bautizó con la marca “Cervecería Argentina”, y que luego fue transferido a Osvaldo Fontana (en 1885), quien lo denominó “Cervecería Italiana”.
(Las fotos expuestas en esta sección fueron tomadas por el Prof. Juan José Battistutti, quien las cedió gentilmente)

La Posta del Olivo

Otro conducto fue descubierto por algunos alumnos, hace muchos años, en un sótano existente en la vieja Escuela de Bellas Artes, cuando aún funcionaba en el local que fue sede de la Logia “San Juan de la Fe” en calle Andrés Pazos, primitiva calle Gualeguay Nº 46. Actualmente el lugar es ocupado por una playa de estacionamiento para vehículos automotores ubicado entre el edificio de la Caja de Jubilaciones de la Provincia y parte de las que fueron las dependencias de la Logia Masónica citada. Dos ex alumnos de la escuela cuentan haber visto dentro de este túnel esqueletos humanos y cacharros de cerámica (urnas funerarias) con restos humanos en su interior, en posición fetal. La dirección del establecimiento, según recuerdan, ordenó tapialar el hueco y prohibió que los alumnos accedieran al recinto.

Avda. Estrada

Un comentario especial merece la segura existencia de túneles bajo el suelo del extenso terreno que pertenece actualmente a la fábrica “Loma Negra”. Su propietaria es la Señora Amalia Lacroze de Fortabat. Mi afirmación se basa en datos recogidos de boca de uno de los últimos empleados que tuvo la firma anterior, que estaba encargado de la monumental máquina que extraía el material calífero de la zona. Según sus dichos, en varias oportunidades la pala del aparato desenterraba los ladrillos de los conductos subterráneos acompañados de rieles de las vagonetas utilizadas para trasladar la piedra caliza. Este último sistema había sido empleado por quienes explotaban las canteras del lugar, particularmente el señor Vuconich, llegado al Puerto Viejo a mediados del Siglo XIX. Descendientes de Vuconich me confirmaron de su llegada a esta región y de su dedicación a la explotación de la piedra caliza. Sin embargo, según los datos que ellos poseen, el señor Vuconich realizó esta tarea en el “puerto viejo” de la actual Ciudad de Santa Fe. ¿Existe piedra caliza en la banda occidental del río Paraná? Como la respuesta es terminantemente negativa, debo considerar que el puerto viejo, al que denominan de Santa Fe, es el actual “Puerto Viejo” paranaense. Durante la época de la última gran creciente del río Paraná hubo necesidad de extraer tierra de las barrancas para levantar el nivel de la costa, particularmente del denominado “Puerto Sánchez”. Mientras se estaba en esa tarea quedó al descubierto una bóveda de piedra y ladrillos frente a una arenera local lindera a la avenida Estrada. El campo constituye parte de lo adquirido por la Municipalidad de Paraná a la Señora de Fortabat destinado a parquización. Un sector de este ámbito fue vendido a la firma comercial “Wal-Mart”. Consultados los profesionales de la municipalidad, han llegado a la conclusión de que se trata de un horno de cal, contrariando mi creencia -expresada con anterioridad- de que se está en presencia de la salida de un túnel (ver). Mi opinión se basa en la conformación del abovedado, curiosamente compuesto por tres o más hileras de ladrillos (en medio punto romano) trabados de canto y sustentado por paredes de piedra; en la presencia de dos puntales de madera dura en su interior, probablemente quebracho, como parte de la estructura; y en el hecho de que el supuesto horno de cal esté al pie de la barranca. Los dos últimos detalles rechazan toda posibilidad de que se trate de un horno de quemar cal por razones obvias: ni la madera podría evitar ser consumida por la generación del calor durante el proceso de calcinación, ni el horno de cal subsistiría al torrente de agua que, necesariamente, debió caer sobre él con las periódicas descargas pluviales. El señor Ábalos, quien en su niñez vivía con su madre en las cercanías de la Avenida Larramendi, me confió haber conocido el recorrido y salida de este túnel y otros dos más, cercanos a éste. Su conocimiento data de las primeras décadas del siglo pasado,  época en que su madre lavaba ropa para familias de la ciudad. Tal tarea la realizaba en una laguna existente en el sector que hoy ocupan la arenera y un local bailable situado entre la Avenida Estrada y la costa del río Paraná. El señor Ábalos recordaba que a su madre y a otras lavanderas les resultaba mucho más conveniente alcanzar la costa del río Paraná transitando por dentro del túnel que por la superficie del terreno, por lo quebrado del mismo. En cuanto a él y a los demás niños que acompañaban a sus madres, si bien les producía aprensión la oscura oquedad, se divertían produciendo ecos sucesivos con sus gritos. Sería interesante obtener autorización para investigar la presencia de túneles debajo de la fábrica de cemento y en sus alrededores, en la seguridad de que no todos han sido demolidos.

Otros túneles

Un túnel fue hallado, durante la década de 1970, en la zona del subsuelo de los talleres de la Unidad Penal de Paraná. Este conducto se extendía hacia el nordeste, es decir hacia la ciudad. Es probable que, en su recorrido, pase por debajo del Instituto “Cristo Redentor” y atraviese la Avenida Ramírez hacia la Iglesia Catedral o la Plaza 1º de Mayo.
También se me ha asegurado que existiría otro túnel, paralelo a la peatonal San Martín, por el cual se podría ir desde la zona del centro paranaense hasta la Iglesia San Miguel. Es probable que el nacimiento de este túnel se encuentre algo más hacia el noroeste de la Plaza 1º de Mayo, más precisamente, en la esquina de las calles San Martín y Urquiza. Algunos elementos que probarían su existencia fueron hallados en oportunidad de realizarse las excavaciones para cimentar los edificios que constituyen el “Paseo de El Diario”. Además, otro túnel fue detectado en un aljibe situado en la playa de estacionamiento del Banco de la Nación Argentina, paralelo a la calle España hacia el oeste y luego torciendo hacia el sur, para llegar a otro conducto que corre paralelo a la calle Perú. Un conducto subterráneo más fue hallado en calle Vicente del Castillo (al Sur de Avenida Ramírez). Este conducto continuaría por debajo de la calle Victoria hacia los zanjones del arroyo La Santiagueña (Parque Jardín).

 

 
     
 
 
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Los túneles de Paraná
2008